Solo una arroba de papa

 Cuando la patria olvida 


Mi madre,

agobiada por la pobreza,

no halló más consuelo

que entregar al hijo de sus entrañas

en el regazo de un vientre vacío,

a cambio de una arroba de papas.


No fue nido vacío en primavera

lo que obligó a mi madre, 

fue hambre.

No fue abandono,

fue desesperación en un país

donde nacer pobre es crimen sin castigo.


Fui pastor

en pampas sin pasto,

cerros sin llovizna, oscuros sin pan

cubierto de mugre,

mi piel desgarrada 

por el dolor por las piedras que quitaron la mugre 

mientras el Estado miraba hacia otro lado.


Con piedras en los bolsillos

soplando el ladrido de los perros

con aguas calladas de mis párpados,

para entender que mi madre lloraba,

no por dejarme,

sino por no tener cómo calmar mi llanto de hambre y sed.

fui mirando el horizonte,

sin hallar mi casa,

con el perfume de tierras

que dejó como huella 

seguí el polvoriento deseo de abrazarla.


Cuando mi madre cruzó los sauces,

abrazo al hijo del alba, n

no brotó grano en mi tierra.

Creí que otra diosa pondría en tu boca

el néctar —susurró, al ceñir mi sombra.


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